martes, 1 de diciembre de 2015

Mis impresiones sobre el reiki

No voy a repasar la historia del reiki en esta entrada, ni a definirlo o explicarlo en profundidad. Hay mil sitios donde encontrar estas referencias. De lo que quiero hablar es de mi historia particular con el reiki y mis impresiones sobre su aplicación.


Empezando por el principio. Tiempo atrás, cuando era estudiante de medicina tradicional china, de cuando en cuando leía artículos sobre el reiki y en las aulas nos hablaban del qi gong, sobre todo de su variante médica. Prácticas que aparentemente rozan lo esotérico pero que en China forman parte de la atención hospitalaria, con tanta credibilidad como la acupuntura o la fitoterapia. Una vez que me familiaricé con los conceptos de ki, meridianos y dinámica energética me empezó a entrar curiosidad. La energía que activo o movilizo con las agujas ¿realmente se puede manipular sin herramientas, sólo con la intención y las manos?

Empecé con pequeños experimentos en casa. Ejercicios, casi juegos con las manos, para principiantes. Desplazar la "bola de energía" de una mano a otra y cosas así. La visión "espiritual" dice que uno recibe energía divina, del cosmos o la naturaleza y la canaliza a través de sí mismo hasta hacerla salir por las manos. Un concepto más pragmático habla de los campos electromagnéticos del cuerpo, en particular de las manos, que a través de la voluntad y algunos ejercicios podrían incrementarse o expandirse.

Lo cierto es que pronto sentí algo entre las manos.

Así, pero sin emitir luz ¿eh?
Una sensación de calidez y cosquilleo similar al efecto de una aguja de acupuntura. Mi percepción era innegable, era un hecho. ¿Era una percepción real, o imaginada? ¿Era eso el reiki? ¿Tendría algún valor terapéutico?

Aprendí a provocar o activar esta cosa en las manos con facilidad. El paso siguiente fue acercarlo a otras personas y preguntar si sentían algo. Algunas personas no sentían nada. Otras sentían calidez o franco calor, y hormigueo; incluso algunos sentían frío o frescor. Si me centraba en lanzar esta energía a lo largo de un meridiano, con un pequeño gesto y la intención, y sin saber las personas ni el recorrido de los meridianos ni en cuál estaba pensando, a menudo describían que la sensación hormigueante seguía un recorrido que correspondía con el del canal.

Pues vaya.

Empecé a aplicarlo medio en serio en algunas terapias de acupuntura, como añadido. Según fueran deficiencias de Yin o de Yang visualizaba obtención de ki del cielo o la tierra y lo enviaba al meridiano correspondiente. Coordinando la respiración, utilizando a veces la reflexología podal y de cualquier manera sensata que se me ocurriera. Siempre como añadido, claro. La terapia principal era la acupuntura. Sabía que aquello no iba a hacer daño al paciente, pero no sabía si le ayudaría en algo.

Decidí aprender reiki formalmente, por lo menos el nivel 1. Ya que lo estaba haciendo, quería hacerlo bien. Conocer a fondo mecanismos, usos y riesgos. El reiki no entraña riesgos para el receptor, pero quien lo hace puede exponerse a algunos efectos secundarios. La maestra que elegí me dijo que yo ya estaba haciendo reiki, que era un poco redundante aprenderlo. Seguí adelante.

Llegamos a la iniciación. Una sesión de reiki un poco especial en la que el receptor recibe oficialmente la capacidad de dar reiki a otros. Suena un poco masón, pero no hay nada sectario ni misterioso en la "iniciación". Ni orgías ni invocaciones a demonios japoneses, desde luego.

Cuando uno recibe la iniciación es oportuno que adopte un estado meditativo. Yo no vi cosas, no tuve rebelaciones, no encontré a Dios, no experimenté cosas raras. Sí que tuve sensaciones olfativas. Percibí un olor agradable a vainilla, canela y cardamomo. Cerca de donde estaba había un jabón de vainilla, pero antes no lo había notado. Hasta ahora no he captado olores sin una fuente material cercana, pero sí que se me agudiza el olfato durante el reiki.

La otra sensación fue una inmediata inyección de... ¿vida? Optimismo, alegría, serenidad y fuerza. Difícil de describir. No fue una cosa momentánea de adrenalina: en relación a un viejo problema emocional experimenté una mejoría estable y duradera como no había tenido desde dos años atrás con unas pruebas de acupuntura craneal. Interesante, ¿no?

Con que ya soy oficialmente terapeuta de reiki.

¿Y ahora qué? Ahora practico reiki más o menos a menudo como añadido, rara vez como terapia única. Y mis impresiones están siendo las siguientes:

  • Descarto por completo toda la parafernalia místico-espiritual-mágica-ritualística de los "guías", las "presencias espirituales" y demás "entidades" con las que mucha gente afirma contactar. En primer lugar, son innecesarias. En segundo, si hay que creer en ellas, no hay forma de saber con quién estamos hablando realmente. De hecho tampoco me interesan los símbolos, unos pictogramas que parecen ayudar en la transmisión energética.
  • Técnicamente no soy buen reikista, ya que no se debe intentar dirigir la energía sino que se deja que vaya donde quiera, ya sabe ella dónde están los problemas y en qué orden de urgencia. Bueno, si diera una sesión de reiki sin un propósito específico me limitaría al protocolo estándar y que la energía vaya donde le parezca. Pero normalmente la gente va a consulta porque tiene un problema específico o varios. Y entonces hago reiki dirigido, según lo que determine como terapeuta en medicina china. En este sentido, lo que hago es más bien qi gong médico básico.
  • El reiki no hace daño a nadie.
  • Por ahora no me atrevería a aplicar sólo reiki. Creo he comprobado que el reiki tiene buen efecto sobre los nervios y sobre dolores agudos. También que puede ayudar a sobrellevar mejor la enfermedad crónica o terminal, con mejor calidad de vida y paz mental. Si puede curar o no, no lo tengo probado.
Gato dando reiki en el cuarto chakra a otro gato. 

Una curiosidad para terminar. Al poco de mi iniciación, en una tarde de caminata con mal calzado me salió una ampolla en un pie. Cerca ya de casa la ampolla reventó. Había una rotura en la piel, líquido seroso, el tejido dolorido; una ampolla, en fin. Tal cual. Me puse con mi sesión diaria de autoreiki, sin preocuparme en absoluto de la ampolla, que no tenía ninguna importancia. Cuando terminé la sesión en mi pie no había nada. Ni tejido sensible, ni zona enrojecida, ni dolor, ni siquiera el pellejo suelto por donde la ampolla se había roto. 

No quiero reivindicar con esto que el reiki cure nada, pero fue algo... llamativo.